Marcos 13:15-16
“Después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él. Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios.”
Los discípulos de Jesús tenían dos características importantes: Ellos echaban fuera demonios y sanaban a los enfermos. Jesús les había dado autoridad para hacerlo y quien hacía la obra a través de ellos era el Señor Jesucristo, el Espíritu Santo. Quien hace la obra a través de nosotros es Jesús, él es el sanador, él es el que liberta, Jesús es el Ungido pero él quien nos unge a nosotros, nos da la habilidad y nos capacita, quien nos da la autoridad para orar por los demás para que sean sanados y para que sean libertados.
Nosotros creemos en este texto, creemos que así como él envió a sus discípulos y les dio autoridad hoy en día así mismo la iglesia, nosotros tenemos autoridad. En este caso en particular la autoridad fue dada a los doce pero luego vemos que la misma autoridad estaba sobre los setenta y fueron enviados y sanaban leprosos, incluso algunos fueron resucitados, echaron fuera demonios y era impresionante.
Eso es lo que me gusta del evangelio: la manifestación de la gloria y del poder de Dios. La Biblia enseña en el libro de los Hechos 5:12
“Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo”
Por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales, no eran pocas, eran muchas señales y prodigios, ellos seguían digamos el mismo orden que el Señor Jesucristo les había dado delegándoles autoridad. Por la mano de ellos habían señales, habían milagros en el pueblo.
Dios quiere usarnos y a través de nosotros Dios va a fluir, nosotros somos vasos usados por Dios. Buenos contenedores para que Dios fluya a través de nosotros. La Biblia habla de la doctrina de la imposición de manos.
Hechos 4:33
"Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos."
El poder de Dios se manifestaba a través de los apóstoles, a través de los discípulos. Las señales y prodigios estaban en operación para generar y provocar avivamiento, para que la gente se salvara, para que la gente estuviera a los pies del Señor y experimentara la gloria y la presencia de Dios en sus vidas.
La palabra poder en este texto de Hechos 4:33 es la palabra DUNAMIS que tiene que ver con un poder muy grande, energía, fuerza, capacidad, habilidad grande, fortaleza. Esta palabra DUNAMIS está relacionada con la palabra EXHOUSIA que quiere decir, autoridad delegada. Esto era lo que sucedía y la atmósfera en la que se vivía.
La palabra autoridad es un derecho legal de usar el poder, quiere decir que nadie tiene ese derecho sino se le ha delegado, nadie puede usar ese poder sino se le ha delegado por aquél que tiene el poder y la autoridad para delegar y es nuestro Señor Jesucristo y él delegó autoridad y poder a sus discípulos.
Marcos 6:7
"Después llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos; y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos."
La Biblia enseña: Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán. (Marcos 16:17-18)
En este verso el Señor ya no está hablando solo de los discípulos, ya no está hablando solo de los setenta sino que dice “a los que creen”, es decir estas señales son para nosotros también. Al nosotros estudiar lo que el Señor ha delegado sobre los discípulos también vemos lo que el Señor ha delegado sobre nosotros.
Dice la palabra de Dios que si nosotros creemos estas señales nos seguirán, no que nosotros seguiremos las señales sino que ellas nos seguirán. Es un acto de fe, de que Dios nos ha dado autoridad entonces usamos la autoridad. Si el Señor te ha delegado poder entonces opera y funciona en el poder que Dios te ha delegado. Pon las manos sobre los enfermos y sanarán.
Hace muchísimos años cuando me convertí leí estos versos, gracias a Dios estuve en una iglesia que creían en todo esto: liberación, sanidad, salvación, manifestación del Espíritu Santo, oración por los enfermos; es decir, yo estaba en un ambiente de fe y siendo recién convertido tomé esta palabra para mi y junto conmigo otros que creyeron comenzamos a salir a buscar a los enfermos, yo era especialista en ver quién se sentía mal a mi lado, si le dolía la cabeza, yo decía: No hay ningún problema, le ponía las manos y los enfermos eran sanados. Recuerdo que llegaban los amigos de mi hermano a visitar a la casa y si tenían algún dolor yo oraba por ellos y luego ellos terminaban entregándole sus vidas a Jesús.
Quien nunca ora por los enfermos nunca los verá sanarse pero sí tu crees entonces lo vas a ver.
Nosotros salíamos por los hospitales y orábamos por la gente, a eso nos envió el Señor Jesucristo, a predicar el evangelio. Este fue el ABC del evangelio que conocí, por eso hasta hoy en día hay una unción de liberación y de sanidades, ¿por qué? Porque desde el principio le he creído a Dios y ninguno de ustedes es la excepción.
Esto fue una pasión para mi, le creí a Dios, simplemente fue eso lo que hice, yo dije: “pero esto es mejor que las guerras de las galaxias, es mejor que cualquier cosa, existe un mundo espiritual y yo puedo echar fuera a los demonios, ¡es increíble!”.
Entonces no todos los enfermos se sanan, pero oramos y muchos son sanados. En una ocasión le preguntaron a un evangelista: “Pero si en la fila de oración usted ora y esa persona no se sana, ¿qué hace? Él contestó: Sigo orando por el otro”. Quien hace la obra es Dios, nuestra función es creer y orar, es tan sencillo como eso pero claro es necesario tener fe, hay que creer en la palabra de Dios y ponerla en práctica. El que nunca hace nada entonces nunca verá nada.
Ahora es necesario que más que todo tengas el fruto del Espíritu Santo que es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley (Gálatas 5: 22-23). Esto es lo que forma tu carácter, los dones no te forman, son carismas, regalos. Ahora el fruto del Espíritu trata de un proceso en tu vida, es lo que sirve de contenedor para que los dones sean usados adecuadamente.
El don no te puede enaltecer, es un regalo que no lo produjiste tu, no lo generaste tu. Dice la palabra de Dios que nosotros solo somos vasos para que toda la gloria sea de Dios. Sin embargo el fruto del Espíritu Santo es la estructura donde pueden depositarse los dones del Espíritu Santo, es carácter, es formación y trato de Dios en nuestras vidas. Así que admiremos a los hombres no por sus dones sino por el fruto del Espíritu en sus vidas.
No seamos espectadores, creamos en el poder de Dios, creamos en el poder del evangelio. No hay predicación del evangelio sin poder de Dios, el libro de los Hechos no ha terminado de escribirse, el poder de Dios es para este tiempo y para esta generación. |