Nosotros somos espíritu, alma y cuerpo. Lo cual significa que si el cuerpo deja de existir nosotros no dejamos de existir, seguimos viviendo.
Lo importante es seguir viviendo en la presencia del Señor. Esto es algo que nos da consuelo a los que quedamos en este lugar. Nosotros podemos ver lo que la palabra de Dios dice al respecto, y tener revelación y entendimiento para que tengamos paz, seguridad, confianza y también conocer hacia donde nosotros vamos.
Cuando uno parte con el Señor es porque Dios nos llama a su presencia, y en su presencia todo es excelente, es grandioso, es mucho mejor de lo que podemos ver.
Es natural y normal que no nos sintamos bien, porque cuando parte un ser querido entonces hay una falta en nuestro medio, en el entorno del hogar, de la familia, de la amistad, del ministerio, de la iglesia y ese sentimiento de tristeza es normal.
Sin embargo, si nosotros lo vemos desde el punto de vista de lo que ha sucedido con la persona, del lugar donde está y cuál es el significado de todo esto y lo que dice la palabra sobre la muerte de un creyente entonces podemos entender mejor.
Jesús lloró ante la tumba de Lázaro porque él era su amigo, y siendo Jesús la resurrección y la vida, delante de ese momento se sintió compungido. Luego le resucito dando a entender que el que cree en el Señor aunque este muerto vivirá. “Todo aquel que en mi cree aunque este muerto vivirá”. (Juan 11:25)
La muerte en la persona que ha partido con el Señor Jesucristo, no es la muerte como nosotros la vemos sino que la persona ahora está viviendo vida eterna con el Señor.
Muchas veces cuando decimos que la persona ha pasado a la presencia de Dios nos parece algo muy efímero, fuera de una realidad. Pero créanme que así como estamos tan conscientes de nuestra vida, de nuestras proyecciones, de lo que queremos hacer para el futuro, del amor que les tenemos a nuestros familiares, y es algo real; estar en la presencia de Dios es más real que todo lo que estamos viviendo.
Ninguna de las cosas tan extraordinarias que hemos podido vivir se asemejan a lo que es la grandeza de estar en la presencia de Dios. El mismo Jesús dice que se fue a preparar morada para nosotros, a preparar lugar para nosotros.
El cielo es un lugar real, genuino, más real que esta tierra. Porque dice la palabra que el cielo y la tierra pasarán: refiriéndose al cielo atmosférico. Pero ese tercer cielo, la morada de Dios donde fue el apóstol Pablo cuando dijo: “conozco a un hombre, si en el cuerpo no lo se, fuera del cuerpo tampoco”, un lugar donde vio cosas inefables que no le son dadas al hombre revelar. Ese cielo existe, y es más real que esta tierra.
El domingo nosotros enterramos el cuerpo de nuestra hermana, y el que no tiene el conocimiento puede pensar que ahí termino todo, pero ahí no termino todo. Ella simplemente dio un paso a la eternidad, a la presencia de Dios.
Yo he estado estudiando el cielo en la palabra de Dios, y hay tantas cosas que nosotros quizás no podemos entender.
Hemos visto como la tecnología ha avanzado, cosas impresionantes, cosas hermosas de la naturaleza, y vivimos en un mundo fabuloso, pero queridos hermanos, ¿Ustedes creen que el cielo es menor que esto? Claro que no.
Se pinta y se dibuja de acuerdo a la tradición el cielo con ángeles volando y Pedro en la puerta del cielo… pero si nosotros estudiamos lo que es el cielo y este paso en la vida del creyente veremos que es mucho más de lo que la tradición nos enseña.
Existe la pena, el dolor, la tristeza. Pero les soy sincero, yo no estoy lamentándome ni llorando de pena por ella, porque ella no está en tragedia, ahora mismo ella está mejor que yo, está mejor que cada uno de nosotros. Ella no está en un limbo, ni está dormida, ella no está caminando en las nubes sin poder ver más allá de diez metros de distancia, nada de eso, ella está adorando delante de la presencia del Padre, donde no hay tristeza, donde no hay dolor, donde no hay sombra sino que la gloria de Dios lo llena todo.
Lamentablemente estamos acostumbrados a ver la muerte como una pérdida, pero no. Claro que uno quisiera tener esa persona que ha muerto, y más cuando ha dejado hijos, familia, pero esto es lo que sucede con nosotros, nosotros somos los que nos lamentamos por no tenerla. Pero en realidad la persona que ha partido con el Señor está bien, no está en sufrimiento.
Esta es una ministración que necesitamos para que nuestros ojos sean abiertos a la realidad de Dios.
Duro es no tener esta fe, esta palabra y esta convicción, de esa forma sí sería una desgracia y más cuando la persona ha partido sin Cristo, pues la Biblia habla de un lugar que es el infierno, puede que hayan lugares de tragedia, miserables, asquerosos, inmundos, pero nada se compara con el infierno.
Ahora, ¿Cuál es nuestra esperanza? Que nuestra hermana partió con el Señor.
Hay cosas que yo no me las explico; en realidad yo quisiera tenerla aquí porque ella era una ganadora de almas, tenía dones, habilidades, adoraba al Señor con tanta pasión en el corazón, era amada por los adolescentes y una persona con una proyección tremenda hacia el futuro.
Yo soy el primero que pienso, ¿Por qué no la dejaste un tiempo más? Pues, ella no era una cristiana ordinaria. Pero el Señor es quien conoce todas las cosas, y es posible que ya él quisiera tenerla consigo. Y aunque hay cosas que uno no entiende, no hay que entenderlo todo, ni saberlo todo, en nuestra humanidad hay cosas que no entenderemos aunque otras nos sean reveladas.
Existe el dolor, la falta y cosas que no entendemos. Pero nosotros somos personas que tenemos esperanza.
¿Qué ha sucedido con la fe? Nosotros seguimos creyendo en el poder de Dios, en la voluntad de Dios que es buena, agradable y perfecta, creemos que la voluntad de Dios es sanarnos, que vivamos largos días sobre la tierra. Pero Dios es quien tiene la última palabra, y si él quiso llevársela consigo entonces él poderoso para hacerlo. Dios da la vida y también la quita.
El diablo no es quien se ha llevado a nuestra hermana, mentira, en lo absoluto.
Es más, lo que viene para los jóvenes y los adolescentes de esta casa yo lo vislumbro como algo extraordinario.
De lo que sí estamos seguros es que Dios tiene la última palabra a pesar de algunas cosas no las entendamos.
1 Corintios 2:11
“Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios”.
Hay cosas de las cuales no tenemos explicación, solo Dios sabe, solo Dios determina y tiene la última palabra.
Filipenses 1:19-20
“Porque sé que por vuestra oración y la suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación, conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte”.
Para el creyente, o por vida o por muerte, Cristo es magnificado.
Verso 21:
“Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia”.
El apóstol dice: Si vivo, en Cristo estoy, si muero hay ganancia. El creyente que muere no pierde, gana, la fe no pierde porque un héroe del evangelio, que hacía discípulos, que tenía su corazón puesto en el Señor gana y al ganar gana la fe.
Filipenses 1:22-24
“Más si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger”.
“Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros”.
El único que pierde es el diablo, porque perdió un alma que estuvo bendiciendo a otros y el ejemplo ha quedado, sus obras han quedado.
Pablo tenía una revelación clara del Señor, él amaba al Señor Jesucristo, y dice: “sería mucho mejor estar con él pero por amor a la obra y a ustedes es necesario que esté con ustedes para su provecho”.
1 Corintios 15:54-57
“Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria”.
“¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley.
Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”.
Tenemos victoria, victoria sobre la muerte. Cuando el cristiano muere tiene victoria sobre la muerte eterna y permanece en vida eterna.
Muchas de las cosas espirituales del Señor son más grandes de lo que nosotros podemos entender y comprender. Decir que la muerte es victoria puede resultar demasiado grande para nuestros pensamientos, pero lo dice la palabra.
“Hay victoria sobre la muerte eterna y el propósito de Dios se ha alcanzado”. Nuestra hermana ha recibido victoria, tiene la vida eterna.
Su familia recibió al Señor a raíz de que ella conoció a Dios, hubo victoria, salvación y vida eterna.
Verso 28:
“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”.
Hay fruto, su trabajo no ha sido en vano, han quedado sus obras, ha quedado el ejemplo. Y ahora está delante del Señor, adorando en su presencia, está con él.
2 Corintios 5:6-8
“Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (porque por fe andamos, no por vista); pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor”.
Su mentalidad ha sido abierta, si pudiéramos medir en una escala del 1 al 10 el conocimiento que tenemos de Dios puede que estemos en 5.5 pero ella está en 12, no hay limitaciones, la revelación es completa.
2 Timoteo 4:6-8
“Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano”.
“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.
Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida”.
El apóstol sabía que vendría sufrimiento por causa del evangelio, sabía que por la persecución que había en ese entonces vendría sufrimiento. En ocasiones fue hecho prisionero, apedreado, hasta dado por muerto, y se entiende que murió decapitado. Él sabía que pronto estaría por morir que su carrera en el Señor estaba finalizando.
Nuestra hermana terminó la carrera y en este momento está con el Señor. Al pelear la batalla ha salido victoriosa.
Nosotros peleamos una batalla que es buena porque nosotros somos de fe, porque estamos del lado del Señor, del lado del Vencedor, porque la victoria está garantizada.
Amamos, la venida del Señor Jesucristo, le amamos y todo esto trae crecimiento a nuestras vidas.
Esta experiencia nos ayuda a crecer espiritualmente, es parte de la vida la cual tiene sus días que están delante del Señor.
Tenemos fe, tenemos gozo, Dios está con nosotros y esta vida es una bendición, sin embargo sabemos que en el momento de estar cara a cara con el Señor estaremos muchísimo mejor.
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