TIEMPOS DE REFRIGERIO

 

Hechos 3:19
“Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio”.

Cuando la palabra habla de “tiempos de refrigerio”, se traduce como: “recobrarse de los efectos del calor; ser revivificado, refrescante, reparador. Hace una similitud a cuando una persona está fatigada por los efectos del calor y entonces llega el momento y se dan las condiciones para que pueda recobrarse del desfallecimiento.

Precisamente en este verano está subiendo mucho la temperatura, está haciendo mucho calor y quizás por eso usted tiene un poco claro lo que es estar bajo los efectos del calor e intentar recuperarse de la fatiga. Algunas opciones son: Entrar al ambiente del aire acondicionado, tomarte un vaso de agua fría o una limonada con mucho hielo, etc.

En fin, cuando la Biblia habla de tiempos de refrigerio quiere decir que se darán las condiciones y los elementos necesarios para que nos recobremos del calor espiritual y de la fatiga.

A veces la temperatura sube, a veces nos damos cuenta de que la temperatura sube y no por la unción del Espíritu Santo, sino que sube por causa de la faena y de aquellas condiciones en las que sentimos que necesitamos un refrescamiento.

Hay momentos en los que hay fatiga espiritual, pero para que vengan de su presencia tiempos de refrigerio, el consejo que da el apóstol Pedro es el siguiente: “Arrepiéntanse y conviértanse”. Es decir que la persona que camina en pecado, anda en un desierto donde hay calor y fatiga espiritual.

Pero más que esto lo que vemos es que nosotros como iglesia estamos llamados a vivir tiempos de refrigerio, porque la iglesia se constituye en un grupo de personas que se han arrepentido y convertido al Señor Jesucristo y por consiguiente sus pecados han sido borrados.

Nosotros fuimos llamados a vivir tiempos de refrigerio, a estar bajo el soplo del Omnipotente, a estar en el aire fresco de la presencia del Señor, a estar revivificados en el Espíritu, con esa sensación refrescante y reparadora que provee la presencia del Señor. Esta es una promesa para nosotros y es algo que acontece cuando damos los pasos debidos en el Señor; sucede cuando una persona viene del mundo y se entrega a los pies de Jesucristo en arrepentimiento.

Sin embargo, ¿Qué de la iglesia, qué de la vida del creyente? Muchas veces lo que trae calor y fatiga, cansancio espiritual, que la persona esté en un desierto, es el pecado. Por esa razón el creyente debe arrepentirse continuamente así como decía el salmista: “Perdóname, lávame y seré más blanco que la nieve, y de aún los pecados que me son ocultos líbrame”.
Salmos 51:7
“Purifícame con hisopo, y seré limpio; Lávame, y seré más blanco que la nieve”.

Él oraba y decía: “no me quites delante de ti, no me quites delante de tu presencia, no quites de mi tu Santo Espíritu. Él entendía que el Espíritu Santo traía refrigerio, y que cuando estaba mal perdía la comunión con el Espíritu Santo. La palabra declara: no entristezcas al Espíritu Santo.

Contristamos al Espíritu Santo cuando hay pecado, cuando hay falta de fe, cuando no se camina correctamente delante de Dios. También dice la palabra que no apaguemos al Espíritu Santo. Él tiene sentimientos y emociones, ha sido enviado para que tengamos la vida en abundancia que el Señor Jesucristo nos ha dado.

El evangelio es un gozo. Cuando estabas en el mundo, los afanes, el calor, la fatiga, la ansiedad y la desesperación te arropaban, no había una satisfacción del sentido y el propósito por el cual fuiste creado.

Sin embargo en nuestro caso Pedro nos dice: Arrepentíos y convertíos! La iglesia tiene que arrepentirse; tenemos abogado para con el Padre a Jesucristo el justo, él nos limpia de todo pecado si nos arrepentimos y confesamos nuestros pecados.

Una de las dinámicas que la iglesia nunca debe olvidar es la confesión y el arrepentimiento delante del Señor, en nuestra vida de oración debemos pedir al Señor: lávame, límpiame, transfórmame, no quites de mi tu Espíritu, perdona mis pecados, perdóname si he hecho cosas que no te han agradado, cosas que he dejado de hacer; porque dice la Biblia que el que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es contado como pecado. Esto es muy importante para la iglesia.

Sabemos que vamos en un camino de perfección, somos santificados por la sangre de Cristo, no por obras para que nadie se gloríe, ahora somos mejores personas que antes, y los pecados que cometías antes no los cometes ahora, caminamos y vivimos una vida de santidad, que significa estar separado, apartado para Dios.

Cuando se hablaba de los muebles del tabernáculo, estos estaban únicamente consagrados para el servicio a Dios. Del mismo modo santidad significa: estar consagrados, separados y apartados para Dios y para el servicio a Dios.

“Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Dios, siendo santos como él es Santo”. Debemos tener este enfoque de ser personas diferentes, el Espíritu Santo nos ayuda a serlo.

A lo mejor cuando te entregaste a Cristo, dejaste muchas cosas, hubo una alerta del Espíritu Santo y decidiste rechazar el pecado y el Espíritu Santo te ayudó porque hubo perdón de pecados, arrepentimiento.

Es necesario que el arrepentimiento continúe y permanezca en nuestro estilo de vida, no que lo olvidemos sino que permanezca. Que permanezca en el sentido de autoanalizarnos, de ver quienes somos, estar en la presencia de Dios y procurar ser limpiados por la sangre de Cristo.

La palabra declara:
“Pues me temo que cuando llegue, no os halle tales como quiero, y yo sea hallado de vosotros cual no queréis; que haya entre vosotros contiendas, envidias, iras, divisiones, maledicencias, murmuraciones, soberbias, desórdenes”. (2 Corintios 12:20)

1 Pedro 2:1-3
“Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor”.

Tenemos que practicar siempre la conversión.

¿Qué significa conversión? Cambio de dirección. La ilustración que se da es cuando un pelotón va marchando y cambia de manera simultánea hacia otra dirección muy diferente a la que llevaba.

Conversión es hacer una parada y tomar la dirección adecuada en los pensamientos, en las actitudes, en la manera de hacer las cosas, en tu proyección en la vida, en lo que estás haciendo.

El creyente tiene que mantenerse convertido. Jesús dijo: “arrepiéntanse y conviértase porque el reino de los cielos ha venido a ustedes” (Mateo 4:17). Es decir nosotros tenemos el reino de Dios, el reino de los cielos habita en medio nuestro.

Cuando ustedes ven que los demonios salen es porque el reino de los cielos se está manifestando, es un síntoma de que algo grande está aconteciendo en los aires. Dios nos ha dado esta gracia, esa unción que identifica no solo la liberación de una persona, sino también de la familia, del sector, donde está sucediendo esto.

Cuando el reino de los cielos se ha acercado, eso nos llama a caminar delante del Señor en arrepentimiento y conversión. Eso va a provocar que los pecados sean borrados.

Arrepentimiento: Cambiar de mente y propósito.

Cambia la mentalidad para que venga refrigerio y de ese modo satisfacción, recuperación, será lo que te va a impulsar. El estar respirando aire fresco, refrescamiento, estar motivado para grandes cosas, sabiendo que lo mejor está por suceder.

Esa atmósfera la sientes, es como si te resbalara, porque el Señor ha depositado sobre ti tiempos de refrigerio. Es una actitud de no hacer nada fuera de la voluntad de Dios. Estamos experimentando tiempos de refrigerio porque hemos enfocado nuestra mentalidad en Dios, nuestro propósito en Dios, estamos ganando almas, llevando la palabra de Dios.

La voluntad de Dios es que tengamos esta estructura para que la gente sea consolidada, discipulada. Estamos en un mover de Dios, estamos recibiendo oxígeno. Nosotros tenemos que seguir enfocados, volviéndonos a Dios y a sus propósitos, que todos evangelicen, que nadie se quede rezagado, que todos estén activados. Eso es lo que trae oxígeno a nuestras vidas, eso es lo que hará que la iglesia continúe creciendo, que la gloria de Dios siga en aumento y haya mayores sanidades así como vimos este domingo.

Estamos en tiempos de refrigerio y es necesario que nos mantengamos en oración; un ejército de oración que esté cubriendo la iglesia y el liderazgo con oración para que se mantenga la bendición de Dios.

Vamos a seguir adelante realizando las súper masivas, ganando almas en tiempos de refrigerio, sin detenernos, sin bajar la guardia.